EL PUEBLO ESTABA IMPECABLE.

“El pueblo estaba impecable” es una expresión que aparece en “El camión de papel” de Roberto Aliaga.

Gabriel y Vega, están  leyendo el libro, alternando párrafos y acabo de oirles leer lo del pueblo   impecable. Les he dicho que parasen.

¿Qué significa impecable?, les he preguntado. Y como no saben, he vuelto a preguntar:

¿Cómo están las calles de La Torre?

– Muy bien

– ¿Por qué?

– Porque las están barriendo.

Explico el significado de impecable, en el contexto del texto.

Las calles de La Torre también van estando impecables”  gracias al trabajo de una persona del pueblo  contratada por el Ayuntamiento.                                                                                                                                                                            Esta mañana, al venir a clase, he visto la acera llena de cáscaras de pipas y con una cajetilla de tabaco vacía. Ayer vi , justo ahí , a unos jóvenes charlando. He sentido pena porque algunos han sido alumnos míos y en la escuela trabajamos bastante los hábitos de respeto al medio ambiente y al pueblo. Llevamos a cabo acciones de compromiso para mejorarlo… Todos tenían su “carnet de ecologista” que se rellenaba con sellos por acciones positivas   realizadas.

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Y hemos salido a la calle a observar.                                                                                                                                                                     -Mirad bien a ver si veis algo que os llame la  atención.                                                                                                                                                                                                                                                                                                              – ¡Ya lo he visto! dice uno de los niños.

-¿Qué  has visto?

-Cáscaras de pipas y  una  cajetilla                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      – ¿Quién habrá tirado la cajetilla?                                                                                                                                                                   – Alguien que fume.
– ¿ Y qué os parece?, les digo
– Mal
– ¿Cómo se habrá sentido la persona que ha barrido?
– Mal
-¿Por qué?
Porque no han respetado su trabajo.
Luego les he contado que ayer vi a unos jóvenes…
Entramos al aula y escriben el hecho.Preguntan si pueden hacerlo en equipo y les digo que sí.
Van hablando y se turnan para escribir. Los mayores deben escribir más que los de 1º ó 3º.
Leemos lo que han escrito y comentamos si ellos alguna vez tiran cosas al suelo y,como son sinceros, “se confiesan”. “Yo alguna bolsa” Yo… “! y de paso, dicen que las madres también tiran cáscaras de pipas al suelo cuando se sientan en los bancos del parque.

CARTAS A NIÑOS DE OTROS PAISES

En una de las actividades de la Semana Cultural, conocimos cómo viven niños y niñas de otros lugares del mundo. Después de leer los textos y comentarlos, escribimos cartas con lo que querríamos decirles. Cada uno eligió a quién quería escribir. Sabemos que hay muchos niños y niñas como María, Pedro, César y Verónica. Nos gustaría que realmente ellos recibieran las cartas y que pudiéramos seguir comunicándonos.

Estos son los testimonio de los niños y niñas  y las cartas de los alumnos y alumnas de La Torre.

Los tres primeros textos ( de María, Pedro y César) están tomados de una revista de manos Unidas. El de Verónica es una adaptación y está tomado de MAESTR@ DE PRIMARIA ( nº  85) correspondiente a Octubre de 2011. Es una publicación de Ediba Europa EON S.L.

ME LLAMO MARÍA .

Nací en Ciudad Guatemala que es la capital de Guatemala, aunque lejos de la Avenida Bolívar, que es una calle muy importante. Tengo 13 años  y vivo junto a un vertedero en una casita de cartón, mejorada con hojalata, que construyó mi cuñado. Mi casa tiene dos habitaciones y en ella vivimos mi mamá y mis cinco hermanos, cuatro niños y una niña, más mi cuñado y la chiquitina, hija de mi hermana. Ellos tienen una esterilla grande para dormir y una manta, y duermen en otro rincón

A mi papá no le conocí. Era un campesino quiché, que es un pueblo indígena de Guatemala, y no hablaba castellano; se emborrachaba y un día se marchó. Tuve dos hermanitos más que murieron.

Me gusta mi casa. Ahora tenemos luz y Rigo, mi cuñado, traerá un televisor. Lo peor es que no tenemos agua, y tenemos que acarrearla desde lejos, y que a veces el ejército entra en nuestras casas para hacer registros. Cuando llueve o falta comida los vecinos organizan
ayudas.                                                                                                                                                                                                                                 Antes iba a la escuela y caminaba y caminaba. Ahora me levanto a las cinco y marcho con mi mamá, vestidas con nuestras ropas quichés a trabajar al mercado de los blancos. Regreso a la una para ayudar a mi hermana y preparar la comida a los niños.

CARTA A MARÍA

La Torre, 27 de Febrero de 2012

Hola María: Soy  Vanesa. ¿Qué tal estás? Me supongo que mal al tener que vivir así en una casa tan pequeña y además, que sois muchas personas.
Ojalá tuvieras una casa bien hecha y más grande.

También quería decirte que me da  pena que no tengas padre, que  tengas que levantarte muy pronto, e ir muy lejos andando a por agua, y no poder descansar ni un poco, porque cuando llegas a casa tienes que ayudar a tu hermana a preparar la comida.

También sé que cuando alguno está malo tenéis que andar y andar para poder ir al hospital que está muy lejos. También, que algunos días entran en vuestras casas unos militares a registraros y no os avisan. ¡Ah!  y otra cosa más, también sé qué hacéis los
vecinos y vosotros una reunión para pedir ayuda. Con todo esto quiero decirte
que ojalá puedas tener cosas mejores.

Un beso muy fuerte.

Vanesa

ME LLAMO PEDRO

Hace tres meses que estábamos en Cochabamba (Bolivia). Antes vivíamos cerca de la mina donde trabajábamos todos, pero la cerraron y tuvimos que salir de allí. Mis hermanos, mi padre y yo hicimos en pocos días una casa con ladrillos, cartones y tablas, que  encontramos en el basurero. Nos costó encontrar un sitio libre, pero por fin encontramos uno.
En algunas casas hay pozos de agua, pero a veces huele mal y no se puede beber. Nosotros no tenemos pozo y tenemos que comprarla a los aguateros que vienen algunos días cada semana. Dejamos el agua en unos bidones que tapamos con una sábana para que no entren las moscas. En todas las casas hay muchas moscas. Acuden al rinconcito donde hacemos pis y caca y que tiene un agujero que sale a la calle. Cerca de mi casa hay un canal
donde mi mamá lava la ropa. También sirve para regar los huertos y allí nos
bañamos cuando hace calor, aunque casi siempre huele mal.
Una vez, de repente,  muchos niños se pusieron malos. Fue un médico
y dijo que era cólera. Mi madre y las madres de todos mis amigos nos llevaron corriendo a los hospitales de la capital, que estaban llenos de niños enfermos. Como allí no nos pudieron atender, los médicos dieron a las madres la solución. Y esas madres se lo dijeron a las otras. Todas se pusieron manos a la obra. Unas, con cucharas, cada poco rato, nos daban una cucharada de agua dulce, otras hervían el agua, y otras lavaban la comida. Al final todos nos curamos.

 

La Torre, 23 – 2 – 2012

Hola Pedro:  He leído como vives tú y tu familia en Cochabamba. Oye,  te voy a hacer una pregunta: ¿te gustaba ir a trabajar a la mina? Tú contéstame, pero yo creo que no te gustaba. Ojalá tuvieses agua en tu casa. Oye, una curiosidad, ¿cuánto dinero pagas a los aguateros por un litro de agua? Tú en tu casa, ¿tienes algún juguete hecho por ti? Si lo
tuvieras me gustaría que me lo enseñaras.

Un beso y un abrazo muy fuerte.                                                                                                     Gabriel Guerra López.

ME LLAMO CESAR

Yo vivo en Asunción que es la capital de Paraguay.

Cuando tenía siete años, me iba con mi mamá al mercado; ella no quería que yo
estuviese sin hacer nada y me traía chicle para que lo vendiera en el mercado.
Al principio, sólo vendía en el mercado, pero luego me subía en el autobús que
iba al centro.                                                                                                                                  Cuando se inundó nuestra casa, vivimos con otras personas en la Parquetera de Sajonia.
Después nos fuimos a Isla Valle. Cuando nos mudamos, yo estaba estudiando
5º  curso. Ese año no terminé la escuela.
Al año siguiente se murió mi papá y tampoco pude acabar la escuela. Entonces
empecé a” lustrar” botas. Me llamaban “ Nati´ ü” , que quiere decir “mosquito”,
por ser chiquitito y muy flaco. Me levantaba a las 5,30 para coger el tren y
estar en la plaza a las 7, que es la hora a la que hay más clientes. A las 9
desayunábamos croquetas, empanadas o tortillas de maíz. En comprar comida se
nos iba la mitad de la plata (dinero), por eso a veces vendía chicles, caramelos, cafiaspirinas…                                                                                                                                Varias veces cambié de trabajo. Cuando el chicle subía, lustraba y cuando el betún
subía, vendía chicle.Ahora tengo catorce años y este año empecé otra vez la escuela. Me voy a ir de mañana y voy a lustrar una vez por semana y los sábados por  la mañana. Yo quiero trabajar en otra cosa, tener un  oficio.

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Hola César:

Yo soy Miguel y tengo 8 años. Vivo en un pueblo de Ávila y he leído tu carta, en la que cuentas todas las cosas que te han pasado. Creo que tengo mucha suerte porque yo no tengo que trabajar. Solo debo ir al colegio y estudiar.                                                           Espero que tengas más suerte para acabar la escuela y puedas tener un oficio.

Un beso:                                                                                                                                                  Miguel

ME LLAMO VERÓNICA

Me llamo Verónica y vivo en  Ecuador, un país situado al noroeste de América del Sur y cuyo territorio se  encuentra en ambos hemisferios. Quito es la capital y Guayaquil es la ciudad  más grande y poblada. El idioma oficial de Ecuador es el castellano, el quechua
y el shuar, pero también se hablan otras lenguas de hace muchísimos años en los
pueblos indígenas.

Además de los hermosos paisajes  que se encuentran en su territorio continental, costas, sierras y selvas,  Ecuador posee el archipiélago de Galápagos, formado por diecisiete islas
grandes y más de cien pequeñas, y desde la costa hasta este lugar hay unos mil  kilómetros de distancia. En estas islas podemos encontrar tortugas gigantescas,  iguanas de hasta un metro de longitud y aves de diversos colores. Este parque  Nacional de Ecuador fue el primer lugar del planeta declarado Patrimonio  Natural de la Humanidad.

Curso sexto grado en la escuela primaria. En la escuela aprendo Español, Matemáticas, Inglés, Arte, Informática, Ciencias, Deportes y Música.

En Ecuador los niños y niñas vamos  a la escuela de lunes a viernes, y desde las 9:00 hasta las 14:00 horas. El  sábado y domingo son días de descanso y para compartir en familia.

Yo disfruto con mis amigos y  amigas jugando a “El lobito”.

 

La Torre, 24 de febrero

Hola Vérónica: he leído tu carta y está muy bien. Me llamo Vega y vivo en un pueblo pequeño que se llama La Torre. Yo también voy al colegio de lunes a viernes pero a distintas horas y con cole por la tarde.                                                                                            Aquí jugamos casi siempre a pelota sentada. Tengo una hermana pequeña que tiene 3 años y que viene conmigo al cole y se llama Daniela.   Un beso                                                                                                                                                      Vega.

MOCHILAS VIAJERAS: Animamos a leer a los mayores.

En una Asamblea de aula, a la vuelta de Navidad,  nos planteamos  qué podíamos hacer para que la Biblioteca tuviera más vida. Pensamos que podíamos recordar a la gente de la Torre que la biblioteca de la escuela está “abierta al pueblo”
Gabriel lo cuenta así: “En Enero de este año empezamos con un proyecto que consiste en animar a la gente del pueblo a leer. Primero hicimos un cartelito para meterlo en los buzones. Después, en una asamblea, elegimos el más bonito. Al día siguiente los imprimimos y los metimos por los buzones del pueblo o por debajo de la puerta”

¿Cómo surgió la idea de las mochilas?
Yo había oído hablar de “Las mochilas viajeras” incluso conocía lo que alguna compañera llevaba a cabo con sus alumnos. Distintas mochilas con libros variados iban a las casas de los niños y niñas de la escuela y  cada cierto tiempo rotaban.
Ahora viene menos  gente a la Biblioteca que hace unos años, porque el número de alumnos es menor y por el envejecimiento de la población. Entonces pensé que quizá en el pueblo hubiera  personas mayores a las que les gustara  leer y que no pudieran venir al aula. Fui preguntando a algunas de estas personas si les gustaba leer. Algunas me dijeron que leen revistas (“del corazón”) para entretenerse. Les pregunté si querían que les lleváramos libros a casa y empezamos con las que dijeron que sí.
Antes preparamos las mochilas con los libros, los separadores y una pequeña presentación, un texto puesto “en boca de los libros”, como si fueran ellos los que hablaban.
“En otra asamblea, continúa Gabriel, dijimos que íbamos a hacer otra parte del proyecto, llamado mochilas viajeras. Unos días más tarde Vicen trajo cuatro mochilas para meter cinco libros en cada una. Las mochilas iban a rotar por cuatro casas del pueblo. A veces las personas mayores no pueden leer los libros porque tienen la letra muy pequeña. Cuando vamos a cambiar las mochilas, después de dos semanas, preguntamos a la gente a la que hemos llevado las mochilas si les han gustado los libros  y a veces nos dan galletas o golosinas”.
Ahora vamos ” a escuchar” a Vanesa : “El día 20 de enero de 2012 empezaron a viajar las mochilas. En cuatro mochilas metimos cinco libros y se la llevamos a la gente mayor del pueblo a la que les gusta leer. Dentro de las mochilas  metimos  un separador y un papel en el que ponía: “Hola. Somos los libros viajeros. Venimos de la biblioteca de La Torre. Estaremos con vosotros dos semanas. Queremos que nos respetéis como si fuéramos vuestros. No dobléis las hojas. Usad separadores. Adiós. Pronto llegarán otros compañeros nuestros”
Cada quince días vamos a las casas haciendo una ruta y las mochilas van rotando. Las personas son: Julián, Concha, Angelines y Pedro.

A veces nos dicen que les tenemos que coger libros con una letra un poquito más grande que la que tienen los libros que les hemos llevado, porque no la ven. Pesamos que esta actividad les gusta.
Las personas que no son tan mayores vienen a la biblioteca a por libros y luego después de dos semanas, como máximo,  los traen.
A mí me parece que es una buena experiencia para que las personas mayores puedan disfrutar de los libros tan buenos que tenemos en la biblioteca”.
Tendremos que seguir pensando en posibles actividades con estas personas: que nos cuenten algo de lo leído, que vengan en el buen tiempo algún día a la escuerla a ver la Biblioteca o a alguna actividad organizada por nosotros para ellos.
Mañana nos toca hacer intercambio de mochilas.